
Tan estúpida, tan vulnerable. Idolatrándote siempre. Tanto me cuesta repartir culpas? No quiero que la asumas por completo. O mejor dicho, no quiero adjudicártela. Esa maldita manía de tapar tus faltas con las mías. Es que me siento tan humana, tan llena de defectos. Y te veo ahí, tan perfecto. Un ideal, mi ideal, hecho a mi medida. Te veo mi Dios, te hago mi Dios y no sos más que un hombre cualquiera.
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